Rosario Castellanos (1925-1974) es una de las escritoras mexicanas más reconocidas a nivel nacional e internacional.

Combinó su labor creadora con la promoción cultural, la docencia, el periodismo y la diplomacia.

Incursionó con éxito en la novela, el cuento, la poesía y la dramaturgia.

Rosario Castellanos: Maxican poetisa

Rosario CastellanosObras como Balún Canán, Oficio de tinieblas, Álbum de familia o Poesía no eres tú son indispensables en la literatura mexicana, pues dan cuenta de dos aspectos que hasta entonces no habían sido tratados literariamente o se habían trabajado con una perspectiva sesgada: la mujer y lo indígena.

La escritora rehuyó las clasificaciones de indigenismo y feminista, pues su literatura abordaba ambas temáticas sin apegarse a un programa de ideas específico y sin idealizar a los personajes.

La autora cultivó con empeño y rigor la escritura creativa y periodística: dejó un sinnúmero de colaboraciones en periódicos y revistas.

En su época no recibió la atención que merecía, sin embargo después de su muerte los estudios sobre su obra, el reconocimiento de sus ideas y compromisos, el interés de los lectores por sus libros ha ido en ascenso.

Murió en Tel Aviv, mientras ostentaba el cargo de Embajadora de México.

Sus restos fueron traídos a la Rotonda de las Personas Ilustres.

Notas | Rosario Castellanos:

Originalmente este artículo lo habría de escribir Raúl Ortiz y Ortiz (1931-2016), “único

amigo a la altura del arte” como lo llamaba Rosario Castellanos. Su conocimiento sobre la obra de la chiapaneca, además del vínculo amistoso, aseguraba que esta biografía sería inmejorable.

Por desgracia, el maestro Ortiz, quien me fuera presentado por su asistente Ángel Cuevas, falleció antes de que pudiera darle seguimiento a la escritura de este artículo, pero agradezco mucho su generosidad para recibirme en su biblioteca, mostrarme algunas de las cartas de Castellanos y alimentar con sus comentarios mi incipiente admiración y conocimiento de la obra de la escritora chiapaneca.

Infancia es destino o cómo resignificar el dolor | Rosario Castellanos

Rosario Castellanos Figueroa (25 de mayo de 1925) nació en la Ciudad de México porque su familia se encontraba de paso en la capital durante un viaje.

Inmediatamente, fue llevada a Comitán, Chiapas, donde vivió toda su infancia.

Su madre, Adriana Figueroa y su padre, César Castellanos, eran una pareja tradicional en todos los sentidos: mientras él se dedicaba a los negocios de la plantación de café y del ingenio azucarero, ella se distraía en reuniones domésticas.

La reforma cardenista produjo la pérdida de muchos de los territorios paternos entre 1936 y 1940.

A la muerte de sus padres, la autora recibió como herencia parte de las tierras que su padre había conservado: ella decidió devolverlas a los dueños originarios.

Muchas de las experiencias vividas cuando niña serán para Rosario materia de escritura en su carrera posterior.

El interés por los pueblos indígenas se debió a la convivencia con su nana Rufina, tzeltal, quien le contaba las historias de su pueblo y le hablaba en su lengua materna.

A ello se suma, que en la sociedad comiteca era muy común que los hijos de los patrones tuvieran, además de sus juguetes, una niña o niño indígena que les hiciera compañía.

Esta costumbre de las cargadoras “consistía en que el hijo de los patrones tenía para entretenerse, además de sus juguetes que no eran muchos y que eran demasiado ingenuos, una criatura de su misma edad.”

María Escandón fue esa niña para Rosario, dice la autora: “Yo no creo haber sido excepcionalmente caprichosa, arbitraria y cruel.

Pero ninguno me había enseñado a respetar más que a mis iguales y, desde luego mucho más a mis mayores. Así que me dejaba llevar por la corriente”.

A Rosario Castellanos la acompañó María Escandón y lo hizo no sólo durante la infancia sino hasta el casamiento de la escritora con el filósofo Ricardo Guerra.

Otra de las experiencias que marcaron la vida y la obra de la escritora fue la muerte de su hermano menor, Benjamín, quien murió a la edad de 7 años en 1933.

Este hecho fue un parteaguas para la niña Rosario, no sólo por lo que implica la pérdida de un ser querido, sino por lo que significó para sus padres, quienes hubieran preferido no perder al varón de la familia.

“Aunque nunca me lo dijeron directa y explícitamente, de muchas maneras me dieron a entender que era una injusticia que el varón de la casa hubiera muerto y que en cambio yo continuara viva y coleando. Siempre me sentí un poco culpable de existir”.

confiesa la autora a su “niño Ricardo”. Este pasaje biográfico aparecerá transformado en Balún Canán (1957), donde la protagonista, una niña de ocho años, pierde a Mario, su hermano menor.

Llegada a la Ciudad de México | Rosario Castellanos

Castellanos llegó a los 16 años al entonces Distrito Federal para estudiar la secundaria, donde trabó amistad con la también poeta Dolores Castro (1923).

Posteriormente ingresó a la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de México (unam), pero de inmediato se cambió a la carrera de Filosofía.

En ese entonces las instalaciones universitarias se encontraban en el caserón de Mascarones, en la colonia Santa María la Ribera; ahí se encontró nuevamente con Castro.

A los 18 años comenzó a publicar en la Revista Antológica América, que dirigían Marco Antonio Millán y Efrén Hernández.

Formó parte del Grupo de los Ocho poetas mexicanos, en el que se encontraban también Dolores Castro, Javier Peñalosa (1921-1977), Alejandro Avilés (1915-2005), Octavio Novaro (1910-1991), Efrén Hernández (1904-1958), Honorato Ignacio (1898-1974) y Roberto Cabral del Hoyo (1913-1999), llamado así por una antología del mismo nombre.

“Se reunían semanalmente para leerse sus textos y un día Alfonso Méndez Plancarte les publicó una antología titulada precisamente Ocho poetas”.

Como grupo no tuvieron un manifiesto estético ni un programa ideológico, de ahí que Benjamín Barajas los estudie en dos rubros: poéticas de la revelación y poéticas de la meditación, en el cual incluye a Castellanos.

Por otro lado, la autora es considerada dentro de la Generación del 50, donde también se integran escritores como Jaime Sabines (1926-1999) y Carlos Fuentes (1928-2012).

Ezequiel Maldonado y Concepción Álvarez Casas opinan que hay dos rasgos que distinguen a Castellanos dentro de este grupo: “iniciar una profunda reflexión crítica sobre la mujer mexicana y develar la presencia indígena contemporánea”, es decir “dos sujetos invisibles para la ideología dominante”.

Estos dos factores son los que han hecho que la literatura de Castellanos con el tiempo vaya cobrando interés entre los lectores y estudiosos, pues no es una exageración decir que la escritora se adelantó a su tiempo.

Emilio Carballido, amigo de la autora amplía el ámbito en que se desenvolvía al mencionar a los centroamericanos “Tito Monterroso, Carlos Illescas, Otto Raúl González, Ernesto Cardenal, Ernesto Mejía Sánchez, Rubén Bonifaz Nuño”.

El dramaturgo cuenta que se reunían en el café de la casa de Mascarones.

Después de terminar la licenciatura obtuvo el grado de maestra en filosofía en la unam, con la tesis Sobre cultura femenina (1950) que es una reflexión “en torno a la marginalidad de las contribuciones literarias, artísticas y científicas de las mujeres a la cultura occidental”.

Gabriela Cano considera que si bien la “conclusión filosófica” fue pronto superada permanece la fuerza de las imágenes literarias con que Castellanos hiló sus argumentos.

Viaje a Madrid para volver al terruño | Rosario Castellanos

Después de graduarse como Maestra en filosofía obtuvo una beca en el Instituto de Cultura Hispánica, y en 1950 realizó cursos de posgrado sobre estética y estilística en la Universidad de Madrid.

Cartas a Ricardo (1996) recoge la experiencia del trayecto en barco a la península ibérica, así como algunas de sus experiencias en la capital española.

Dolores Castro evoca ese viaje con estas palabras: “recuerdo a Rosario, en mar abierto, sonriente, plena de vida en la cubierta de aquel barco cuya travesía de un mes entre Veracruz y Barcelona nos hizo reír muchas veces, o llorar por nada”.

Durante su estancia en la capital española se acercó a la obra de santa Teresa y san Agustín.

De estas lecturas vendrá su acercamiento a la mística. Fernando Martínez Ramírez da cuenta de que en Madrid Castellanos publica Presentación al templo (1951).

A su regreso, en 1952 fue directora del Instituto Chiapaneco de Ciencias y Artes de Chiapas, en Tuxtla Gutiérrez, donde dirigió un grupo de teatro guiñol, tzeltal-tzoltzil, “Teatro Petul” para el que escribía guiones, cuyos temas eran la alfabetización y la difusión de la higiene dental, entre otros.

De 1958 a 1961, redactaba textos escolares en el Instituto Nacional Indigenista de México.

Castellanos combinó su labor como funcionaria pública con la de escritora, de 1954 a 1955 gracias a la beca Rockefeller, que por entonces se otorgaba en el Centro Mexicano de Escritores, escribió poesía y ensayo.

En 1958 se casó con Ricardo Guerra, con quien tuvo tres hijos pero los dos primeros murieron; Lívida luz (1960) guarda registro de uno de estos eventos en la dedicatoria: “A la memoria de mi hija”.

El tercero fue Gabriel, quien aparece frecuentemente mencionado y como destinatario de los textos rosarinos, de hecho el último artículo publicado en Excélsior se llamó “Recado a Gabriel”.

De 1961 a 1966 fue jefa de Información y Prensa en la unam, con el rector Dr. Ignacio Chávez, por cuya salida estrepitosa de la universidad la poeta renunció al cargo.

El último cargo público que Castellanos ostentó fue el de embajadora de México en Israel.

En la ceremonia donde fue nombrada, “el 15 de febrero de 1971, Rosario pronunció un discurso que podría ser el punto de partida del feminismo en México, su propio cambio de actitud fue radical”.

Por desgracia no tuvo tiempo suficiente para desarrollar esa nueva faceta.

Rosario, maestra | Rosario Castellanos

Otro aspecto de gran importancia en la vida de la autora fue la docencia. A decir de Elena Poniatowska “Rosario concibe el magisterio como apostolado”, pues era extremadamente atenta al resolver las dudas de sus alumnos.

En la Facultad de Filosofía y Letras de la unam, entre 1962 y 1971, impartió clases de literatura comparada, novela contemporánea y seminario de crónica; durante su estancia en Chiapas impartió clases en la Facultad de Leyes.

De 1966 a 1967 fue invitada a dar clases en las universidades de Wisconsin y Bloomington, experiencias que quedaron registradas en el discurso epistolar de las Cartas a Ricardo.

En la Universidad Hebrea de Jerusalén, a la par de su labor diplomática, también impartió clases de literatura iberoamericana.

Testimonio de su poesía | Rosario Castellanos

En “La obra lírica de Rosario Castellanos, publicada en periódicos locales de Chiapas, desde 1940 hasta 1949”, Yolanda Gómez Fuentes da cuenta de los primeros poemas publicados por Castellanos, escritos en la Ciudad de México pero enviados a publicaciones chiapanecas como El Estudiante.

Cuenta Poniatowska que Castellanos “escribía diez páginas diarias en la madrugada al levantarse y decía que un escritor sin disciplina jamás llega a serlo.

También jerarquizaba sus lecturas con severidad, de suerte que toda su vida era un fervor”. Castellanos ejerció la escritura con el rigor de un oficio que exige práctica y constante pulimento en la forma.

Apuntes para una declaración de fe (1947) y Trayectoria del polvo (1948) son sus dos primeros libros, para Rogelio Guedea son “el abstract de su poesía posterior” a lo que después añade la ironía “que surgió para responder, quizá de forma inconsciente pero nada inveterada, a su propio escepticismo, o para paliar su cada vez más pronunciado pesimismo”.

A estos poemarios siguieron De la vigilia estéril (1950) y El rescate del mundo (1952), donde poemas como “A la mujer que vende frutas en la plaza”, “El tejoncito maya” y el apartado “Diálogos con los oficios aldeanos” amplían su perspectiva poética, hasta entonces ensimismada, hacia aspectos y personajes marginales y marginados de su realidad.

Al final de Poemas 1953-1955 (1957) aparece “Lamentación de Dido”, texto donde la autora emplea el recurso del monólogo dramático, al superponer su voz y su historia con la voz y la historia de la famosa reina de Cartago, que enamorada y despechada por la partida de Eneas se prende fuego a sí misma.

El poema está escrito en versículos que por momentos llegan a ser prosa, amplitud que se corresponde con el hondo aliento que anima el texto:

Esto era en el día. Durante la noche no la copa del festín, no la alegría de la serenata, no el sueño deleitoso
Sino los ojos acechando en la oscuridad, la inteligencia batiendo la selva intrincada de los textos
para cobrar la presa que huye entre las páginas.

A decir de la propia Castellanos, Al pie de la letra (1959) “está lleno de reminiscencias prosísticas”;sobre los poemas Lívida luz (1960) nos dice que en ellos reflexiona “sobre el mundo, ya no como objeto de contemplación estética sino como un lugar de lucha en el que uno está comprometido”.

Esta opinión coincide con otros especialistas que consideran que en Lívida luz hay una transición de la poesía intimista hacia una de corte más social.

Materia memorable (1969) y En la tierra de enmedio (1972) son los libros donde se concentran los poemas más conocidos de Castellanos, como “Memorial de Tlatelolco”, “Bella dama sin piedad” y “Valium 10” por mencionar algunos. En estos poemas la ironía y el tono conversacional son rasgos determinantes.

Para Rosa Sarabia, “la desautomatización de la vida diaria y sus quehaceres le permite a la voz poética de Castellanos promover una conciencia individual en status de sujeto con autoridad”.[19]

En cambio me enseñaron a llorar. Pero el llanto
es en mí un mecanismo descompuesto
y no lloro en la cámara mortuoria
ni en la ocasión sublime ni frente a la catástrofe.
Lloro cuando se quema el arroz o cuando pierdo
el último recibo del impuesto predial.

Sus poemarios fueron reunidos en Poesía no eres tú (1972), que inevitablemente recuerda la rima de Bécquer, sin embargo Castellanos no deja lugar a la especulación y nos aclara que tuvo “un tránsito muy lento de la más cerrada de las subjetividades al turbador descubrimiento de la existencia del otro y, por último, a la ruptura del esquema de la pareja para integrarme a lo social, que el ámbito en que el poeta se define, se comprende y se expresa”.

De este modo, el título de su obra reunida refleja el tránsito de una voz interna a una voz que puede nombrar y nombrarse con el mundo.

En respuesta a Alejandro Avilés sobre la poesía, Castellanos responde: “He oído decir que la poesía se hace sólo en ratos de ocio. Yo rechazo esta afirmación porque vivo de la poesía como un oficio, y su importancia es rescatar del naufragio que es el tiempo, el olvido y la muerte, a todas las cosas que nos rodean”.

En efecto, la obra poética de la chiapaneca es una indagación constante sobre la condición humana, on un acento especial en la condición femenina, pero igualmente universal, un intento por conservar la vida que de otro modo se nos iría entre las manos.

Aunque la mayor cantidad de estudios sobre la obra de Castellanos se concentra en la prosa, recientemente se ha revalorado su obra poética.

Rogelio Guedea afirma que: “lo perdurable en la obra de Rosario Castellanos está, indudablemente, en su poesía”, y precisa: “esa poesía en que la poeta muestra sin reticencias el dolor que le produce la vulnerabilidad de su ser frente a la crueldad del mundo que le fue dado vivir”.

Antes de Guedea, Víctor N. Baptiste, Germaine Calderón, Angélica Tornero y Luz Elena Zamudio sentaron las bases para un estudio de la poesía rosarina.

Para Raúl Ortiz y Ortiz, célebre traductor de Bajo el volcán, “con sus poemas había trascendido recónditas zozobras, se había liberado de las angustias más personales, había moldeado la delicada imagen del sufrimiento individual y proferido el éxtasis de la belleza interior al descender hasta los más profundos abismos de la desesperanza”.

Fernando Martínez Ramírez hace un recuento de los autores preferidos por la poeta:

Pablo Neruda, por absoluto, vibrante y vivo; García Lorca, por su asombrante metáfora, complicada y sencilla a la vez; el Octavio Paz de Libertad bajo palabra; José Gorostiza, con su Muerte sin fin, considerado por Rosario como el mejor poema que se haya escrito en América.

También le gustan Ramón López Velarde, Miguel Hernández, Rilke y, entre los clásicos, Garcilaso, fray Luis de León y san Juan de la Cruz.

A esta lista habría que agregar a Gabriela Mistral que no sólo para Castellanos, sino para muchas de las escritoras latinoamericanas contemporáneas fue un referente ineludible.

Dentro de la poesía femenina escrita en México, Castellanos se consideraba sucesora de Concha Urquiza.La labor de Castellanos también abarcó la traducción de poemas de Emily Dickinson, Paul Claudel y Saint John Perse, cuyas versiones fueron incluidas en Poesía no eres tú.

De la poeta norteamericana la escritora chiapaneca destacó que “los seres pequeños y desvalidos son rescatados con frecuencia en sus poemas”,rasgo que también se encuentra en la obra narrativa y poética de la autora mexicana si recordamos que en su época la mujer y el indígena apenas eran tomados en cuenta.

A Claudel y Saint John Perse los considera presentes en su obra “sobre todo en la ‘Lamentación de Dido’”,aludiendo desde luego al uso del versículo también practicado por los franceses.

¿Quién es Rosario Castellanos y que hizo?

Rosario Castellanos (1925-1974) es una de las escritoras mexicanas más reconocidas a nivel nacional e internacional.

Combinó su labor creadora con la promoción cultural, la docencia, el periodismo y la diplomacia. Incursionó con éxito en la novela, el cuento, la poesía y la dramaturgia.

¿Quién fue Rosario Castellanos biografía?

Rosario Castellanos, nació en la Ciudad de México el 25 de mayo de 1925, y murió en Tel Aviv, Israel, el 7 de agosto de 1974.

En 1950 se graduó de maestra en filosofía en la Universidad Nacional Autónoma de México; más tarde, en la Universidad de Madrid, llevó cursos de estética y estilística.

¿Qué significa el poema Los adioses de Rosario Castellanos?

Una exploración sobre los conflictos desgarradores de la vida en pareja, las tristezas y contradicciones, las dudas aún de una personalidad fuerte e identificada con el feminismo, incluso los momentos de rechazo a la maternidad, son los ejes que explora la película “Los adioses”, sobre la vida de la poeta Rosario.

Also Read:

LEAVE A REPLY

Please enter your comment!
Please enter your name here